Silencio de cal y mirto
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelÃes sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos como un oso panza arriba.
¡Que bien borda!
¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza ella quisiera bordar flores de su fantasÃa.
¡Qué girasol!
¡Qué magnolia de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas, en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo cortadas en AlmerÃa.
Por los ojos de la monja galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo le despega la camisa,
y, al mirar nubes y montes en las yertas lejanÃas,
se quiebra su corazón de azúcar y yerba luisa.
Oh, que llanura empinada con veinte soles arriba!
Qué rÃos puestos de pie vislumbra su fantasÃa!
Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega el ajedrez alto de la celosÃa.
La Monja Gitana
Garcia Lorca, em Romancero Gitano





